La Santa Regla

La Regla Carmelita es propia; escrita por el Patriarca de Jerusalén, San Alberto, entre el 1206 – 1214, a petición de los ermitaños latinos del Monte Carmelo (los primeros carmelitas). Tiene por objeto “vivir en obsequio de Jesucristo,  a semejanza de la primitiva comunidad de Jerusalén (Hch 2,42) en un clima de contemplación, la escucha de la palabra, en la Eucaristía y en la Vida común.

Es Cristo céntrica pues el mismo Cristo es el centro de todo aquel que opta por seguirle fielmente a imitación y ejemplos de María su Madre y el Profeta Elías, quien arde en celo por el Señor Dios de los ejércitos. (1R19, 10ss)

Toda ella es un mosaico de citas bíblicas que es fruto de la sabiduría bíblica de San Alberto que invita continuamente a meditar día y noche la ley del Señor (salmo 1) en un ambiente de oración personal y comunitaria.

Aprobada esta forma de vida por primera vez desde la Santa Sede el 30 de enero de 1226 Por el Papa Honorio III y luego confirmada por Gregorio IX el 6 de abril de 1229, y nuevamente por Inocencio IV, el 8 de junio de 1245. Este último Papa aprobó definitiva y solemnemente, como una Regla auténtica y adecuada (Regula bullata) el 1 de octubre de 1247, con las adaptaciones necesarias ajustadas al modo de vida de Occidente.

Es curioso el último número de la Regla, y sirve para animar en la observancia de este modo de vida sabiendo que recibiremos el ciento por uno en la otra vida. Dice así:

“si alguno hiciere más, el señor mismo cuando vuelva, se lo recompensará. Hágase uso sin embargo del discernimiento, que es guía de las virtudes.” (Nº 24)