Carisma

La Regla de San Alberto invita a los Carmelitas a vivir en obsequio de Jesucristo, sirviéndole con corazón puro y total entrega y dedicación,  lo que lleva consigo en la mentalidad de aquel tiempo, el reconocimiento de Cristo como Señor y Soberano, con el deber de dedicarle la propia  existencia en oración, fraternidad y servicio, a semejanza del vasallo con respecto a su Señor. El seguimiento de Cristo, fundamento de toda vocación cristiana, enraíza a los Carmelitas en la koinonía fraterna, en la búsqueda del rostro de Dios y en la solidaridad con el pueblo.