Testimonios

Sor Rosa María del niño Jesús

Yo llegué a Utrera a los 19 años de edad. Sabía que el Señor me llamaba para algo grande; “heredar el Reino de los Cielos en la Orden como religiosa Carmelita.” Desde los 0cho años, me entro la vocación porque mi hermana se había hecho monja. Antes no se me había pasado por la cabeza y entonces como esas fueron las noticias de la época, cada niña decía que iba a consagrarse al Señor. Íbamos a la misa con pañuelos en la cabeza como los llevaban las monjas de mi parroquia  y esa pasó a ser la moda.         Pasó un poco más de tiempo y mi padre, me preguntaba que si yo quería también ser monja como mi hermana, y le contestaba rapidísimo que sí. Era muy pequeña pero lo tenía decidido. Todo lo decía en serio. No sabía siquiera en qué consistía pero mi mente estaba allí pegada. A los once, doce años por allí empecé a preguntar lo que había que hacer para ser  una buena monja. Mi hermana me lo decía todo por carta y entonces le dije que me esperara para el año 1995 al terminar mis estudios. Todavía me quedaban ocho años para ello. Desde el primer momento tomé en serio esta decisión y eso que no entendía mucho. Sólo me conformaba mi único deseo y me decía en el interior: “aquello que mi hermana ha hecho lo puedo hacer también basta que agrade a Dios”. Recuerdo que tenía catorce años y estaba que el Señor me quemaba por dentro y una amiga mía me comentó que había hablado con unas religiosas y que le dijeron que ellas tenían las puertas abiertas siempre para las nuevas vocaciones. Me alegré tanto que le dije: “sí, vamos, pero ya.” Llegué a casa y se lo dije a mi madre y me rechazó esa idea porque no había terminado los estudios y además no me dejaba porque no era maduro este pensamiento tan rápido. Me dijo que no era el momento. Yo casi me lo esperaba porque me costaba dejar el colegio pero me consolaba con decirme que si era cosa de Dios, Él me iba a ayudar. Por eso tuve tanto empeño y gracias a El me paró mi queridísima madre.   Encontré por fin que esta era mi vocación porque jamás me llenó ninguna otra cosa. Lo tenía calladito hasta los últimos meses que lo comenté a mi madre. No sé porque se lo dije a mi madre primero cuando mi padre era el motor de mi futuro. Tanto me preguntaba cuando pequeña y al ser mayor ya no me dijo más nada. Será que tuve que irme al colegio  y no nos veíamos; pero sí estando en el colegio, un buen domingo fui a misa con mis compañeros de colegio; me confundí con un enfermo mental que se parecía a él, incluso llevaba los mismos vestidos que él y fui corriendo  a saludarlo y al reconocerlo me eché para atrás muerta de miedo.

Al finar de todo, me volví a casa y estuve una tarde con los dos (mis padres) y él me hizo la misma pregunta aunque con mucha delicadeza. Le noté en la cara como que le hacía ilusión consagrar a todos sus hijos a Dios con motivo de la reparación de todo lo que había sido su vida (antes de nacer yo). Cuando le hablé de seguir los ejemplos (las huellas) de mi hermana, se alegró más que yo misma. Me lo dijo. Pero a continuación me dijo: “No te llames a ti mismo, deja que el Señor te llame  y si realmente te ha llamado soy más feliz que tú.”

Me bendijo deseándome todo lo mejor en mi nueva vida y me puse muy contenta. Mi mayor alegría fue ver cómo mis padres se contentaron con mis deseos de servir al Señor y me puse en camino. Hubo muchas tentaciones por medio pero el Señor salió a mi encuentro en todos esos momentos.

Pisé la tierra del Carmelo el día de la fiesta de Santa Teresita y la escogí que fuera la patrona de mi vocación y mis andanzas aun sin saber que era la patrona de las misiones junto con mi patrono de mi comunidad cristiana en Kenya. Aquí vivo muy feliz pues creo que no me he equivocado. Susurro pues, a los jóvenes, a que se acerquen a saborear los mejores frutos del Carmelo. Sor Rosa mª del Niño Jesús.

 

Sor Bernabela Cantos

Me vino la vocación un día en la procesión del Corpus Christi en mi pueblo. Mi mirada se cruzó con la de Cristo en la Custodia. Nos miramos  y nos comprometimos los dos. Lágrimas abundantes corrieron por mis mejillas. No me cambio por nadie. Os lo digo de verdad. Es bueno entregarse a Cristo a favor de la Iglesia y del mundo entero.

 

Sor Mª Magdalena de Pazzis Bitaubé

Me bautizaron con el nombre, “Pilar” y soy de Zaragoza;  en el convento me llamo sor Mª Magdalena de Pazzis Bitaubé. Tengo 91 años de edad lo cual se dice pronto. Aún no me he cansado de la vida religiosa gracias a Dios, y espero no cansarme nunca de ella, porque El cuida muy bien esta vocación. Estoy muy contenta en el Carmelo porque se palpa más a Dios y el amor tierno de María. En este jardín florido, estoy más recogida y más unida a Él. Les digo a las jóvenes que me lean, que vivan muy unidas a Dios, y que no hagan caso al demonio porque lo que busca es engañarnos para llevarnos al infierno.

 

Sor Mª Paulina Mumbua, O.Carm

El amor de Cristo siempre tiene sorpresas y nunca se vacila ni se agota. Me resulta inevitable hablar de este amor tan fascinante y atrayente, que, nunca deja el ser humano indiferente; arrima su ascua a donde quiere, cuando quiere y a quien quiere en su momento oportuno. Basta sentirlo y dejarse guiar por él.

Este amor es lo que me hace hoy día compartir con vosotros mi llamada al Carmelo. En cierto modo, puedo decir que mi llamada fue una invitación de amor de aquel que me amó hasta el extremo. Recibí esta llamada siendo muy pequeña de edad. Cada día tenía mucho valor de decir Sí al Señor, pero siempre me limitaba a la respuesta de mi padre que resultaba siempre negativa. A pesar de todos los obstáculos que abrazaba día tras día llegué a descubrir que Dios tiene su función en cada criatura que existe y me lancé  en su confianza sin vacilar.

Él, cada día se iba tejiendo la trama de mi historia con los hilos de su omnipotencia hasta que me maduré para la dicha misión. Hoy día me encuentro muy feliz en este Carmelo de Utrera, donde todos respiran a Dios. Me he abrazado al amor de mi  Creador y cada día este amor se renueva y se recrea apasionadamente. Él es mío y soy para Él. Quien se entrega por amor siempre gana la batalla.

Tú, joven que sientes esta llamada de Cristo no le cierres las puertas de tu corazón. Ábrele con todas las llamas de tu cariño y te sentirás feliz. Te basta su gracia. El Carmelo te espera. Ven y verás.

 

Sor Mª Isabel de la Stma. Trinidad, O.Carm

Yo iba a la Iglesia con mis amigas. Tenía nueve años. En celebración Eucarística vi a una monja y fui flechada a saludarla. La vi muy contenta y feliz por ser lo que era. Nos preguntó que quién se apuntaba para ser monja como ella. Respondí que sí quería irme con ella en aquel instante. La monja se reía de mí. Seguro por mi poca edad. Me regaló un rosario y me dijo que tenía que ir a misa todos los días y decirle a Jesús que quería consagrarme como religiosa, cosa que empecé a hacer desde entonces. También me dijo ella que cuando fuera mayor sería religiosa. Esa fue la primera y la última vez que la vi. No he vuelto a saber más de ella ni de dónde era.

Cuando crecí un poco más, se lo dije a  mis padres y me permitieron ir a la parroquia para hablar con mi párroco, y él, viendo que todavía era joven me animó y me aconsejó a incorporarme a un movimiento de la Virgen María que hay en la parroquia. Allí estuve hasta que un día vi a mi prima monja y me explicó todo sobre la vocación a la vida activa y contemplativa. Me dijo que siguiera con los estudios mientras, porque iba a ser obstáculo al no tener edad.

Cuando terminé mis estudios de bachillerato, me encontré con otra monja por mediación de mi párroco, y  ésta, al hablarme de la vida contemplativa, enseguida tomé mi decisión: “esta es la que aspiro”. Pero no fui con ella. Ingresé en este Carmelo de Utrera donde me siento atraída por su vida de oración, fraternidad y servicio a mis hermanos los hombres. Aquí, he encontrado a mi mejor amigo, confidente, acompañante de mi vida, mi cielo.

A ti joven que leas mi vida, te diré que en la vida de total contacto con Dios como la Virgen María lo hizo en su tiempo  y en el presente,  es lo más bonito y entregando toda tu vida a Él, supone una riqueza enorme en la vida futura. Animo, que en esta viña, se respira la santidad.

 

Sor Mª Graceana de la Santa Faz, O. Carm

A los once años, sentí la llamada de Dios a la vida religiosa pero no era capaz de diferenciarla de otras vocaciones puesto que no sabía nada. Era para mí un misterio. Yo iba a los encuentros con religiosos y religiosas por eso no podía entender bien porque veía que entraba a formar parte en los rezos con los salesianos y otras veces con las monjas.

Consulté a algunas monjas y también a sacerdotes sobre lo que yo sentía  en mi interior, un fuerte deseo de seguir a Jesús como religiosa. Me han ayudado mucho pues me aconsejaron que formara parte de un grupo de cristianos en la parroquia, que se dedique a un apostolado, y desde allí ver si entendía algo o si podía salir para adelante y a la vez, rezar mucho y preguntarle al Señor lo quería de mí.

Me metí de lleno al apostolado en mi parroquia, en grupos de oración, realizando obras de misericordia etc. Pero esto no era suficiente. Se lo consulté también a algunos hermanos y les contaba  que tenía vocación para monja. Me dieron muchos consejos y hasta me facilitaron con ciertas materias para  la animación vocacional y poder convencerme de que el Señor me llamaba como al Profeta Jeremías.  Me hablaron de la vida religiosa y me decidí de una vez. Escribí a distintas congregaciones pero no me contestó ninguna. No me eché atrás. Fui a mi párroco y me puso en contacto con una monja que estaba allí viendo a su familia. Le conté que necesitaba saber alguna congregación que se dedicaba a la oración en silencio, y, mira por dónde, Utrera me abrió las puertas. Aquí sí, estoy como el pez en el agua. “trazando sendas por el mar”, del Carmen.

Tengo la experiencia de vivir en comunidad que me ha ayudado a saber cómo son las gentes, y, unidas, hacia dónde ponemos nuestra mirada. Esto me ha hecho saber que una persona por sí sola no puede hacer nada que por cierto, es la razón de crear al hombre y para que éste no esté sólo, creó a la mujer por compañera. Este es un sentido de  la comunidad. Y más todavía, tenemos otra comunidad modelo. La Santísima Trinidad. La vida comunitaria nos ayuda a vivir cada vez más convencidas de que la persona humana es un ser que necesita al otro en su vida cotidiana para caminar juntos hacia la eternidad.

Mis queridos jóvenes que podéis tropezar con mi testimonio, os animo y a la vez prometo mis oraciones diarias para que vuestra vocación no se quede en el discernimiento sino que vaya más allá a realizar aquello que el Señor promete a los que lo aman.

 

Sor Teresita del Niño Jesús López

Me empujó a ser Carmelita un deseo muy grande de entregarme al Señor. A los doce años me sentía fascinada por la oración. El silencio me atraía, la Eucaristía,  pasar muchos ratos en el Sagrario. Esto fue fuerte en mí hasta el punto de sentirme pronto a El hasta la muerte.

Jesús y María me llenan y así sigo contenta en esta casa de Dios donde me son concedidos los bienes espirituales.

 

Sor Catherine  de la Santísima Trinidad

Mi encuentro con Jesús fue una invitación al seguimiento que lleva a una misión. Me hablaba de muchas maneras y cuál fue la sorpresa que me animaba a enseñar, los mandamientos y la vida cristiana a los más pequeños en mi parroquia. De allí me cogió El para estar con El y con los demás hermanos. A los jóvenes les advierto a que le presten oído pues es el Amigo que nunca falla.

 

Sor Mª José Navarro

Dice el poeta: “Allá donde va un cristiano, no hay soledad sino amor, pues lleva siempre la Iglesia dentro de su corazón”.

Vine al Carmelo porque me atraía mucho la soledad y el silencio. Así me era fácil llevar dentro de mí al mundo entero. Mi entrega a Dios ha sido porque El me amó primero y no pude hacer otra cosa más que consagrarme a él y servirle a través de mis hermanos todos los días de mi vida. El que se sienta llamado a esta viña del Señor, sólo le digo esta palabra Bíblica: “Gustad y ved qué bueno es el Señor” (Sal.33).

 

Sor Mª Magdalena de Pazzis Nthoki       

Me he apoyado siempre en el Señor y es por eso estoy alegre. El me   ha amado antes y mira por mi vida. Quise ser monja por el amor a Jesús y a María que me salvaron la vida de la esclavitud del maligno. Lo que me atrae más en el Carmelo es vivir en la presencia de Dios en la soledad y silencio en la oración Profunda. Además me siento hija preferida de Dios y de la Iglesia. El Carmelo es para mí un jardín donde cultivo las gracias recibidas y practico las virtudes con la gracia de  Dios que me prepara para la vida futura. Invito a los jóvenes que se entreguen y se nieguen a ellos mismos y las cosas del mundo que les sirven para alcanzar la santidad a la que el Señor nos llama.

 

Sor Mª del Rosario de Jesús

Llevo en el Carmelo más de 50 años y estoy como puedo ver donde Dios me ha llamado. Antes por los años 50 fui a la fundación de Kenya (África)  y me volví porque se cambió las constituciones y pasó a pertenecer a las carmelitas descalzas venidas de América. He visto siempre la mano de Dios en mi vida religiosa pues me protegió de las miserias antes de ingresar en ella, (la guerra civil que cargó la vida de mis dos hermanos sacerdotes) pues para algo significativa me señaló con su dedo. Jóvenes, el Señor es el más apañado en cuanto realiza sus planes con nosotras sus criaturas. No le tengáis miedo.

 

Sor Natividad de María Ramos López

La vida de Santa Teresita me ayudó y me hizo ser Carmelita. Su padre Luís Martín le dijo: “detrás de esas rejas, hay almas que siempre están alabando a Dios.” Me dije: “voy a hacer una novena de las 24 gloria Patri de esta santa; – era invierno- si tengo vocación, que me regale una flor”. En esa época no había flores pues era el 2 de enero, el día que nació Teresita. Y, mira qué curioso. Empecé la novena el último día del año con la intención de que siendo invierno no había flores  y así no me la daría porque no quería ser monja. Salió de la habitación mi hermana Pepita y volvió con una flor y me la dio  diciéndome: “toma esta flor y pónsela a la Virgen (una divina Pastora que teníamos en casa). No supe de dónde la  traía. La reacción fue horrible pues, repito, no quería ser monja. No se lo conté a nadie pero llegó un sacerdote a mi parroquia  y un día de los reyes magos habló de la fidelidad de éstos y decidí decírselo a ver qué me decía porque quería escuchar algo que se pareciera a mis deseos. Fuimos a las Carmelitas de Santa Ana a ver a una monja y como no se permitía, pensé que al decir que quería ser monja me dejaba verla y al llegar al torno me saludaron y supe contestar y me dijeron que yo tenía vocación antes de decirles nada. Yo pensaba ser Hija de la Caridad porque creía que no se les escapaba ningún paso de semana santa o algo de esos porque podían salir a la calle mientras las monjas de clausura no. El Señor al final se puso en medio y me guió enseñando todos los pasos y aquí estoy y nunca me he arrepentido.

Quien me lea  le diré que el Señor nos habla por mil maneras; sólo hace falta prestar atención y escuchar sin distraerse.

 

 Sor Mª Lucía  del Sagrado Corazón de Jesús

Orgullosa de mi madre, (el Carmelo de Utrera), debo también presumir como San Pablo. Este Monasterio me recibió en su cuna allá por el año 1999, concretamente, el día que la Iglesia  celebra la Presentación del Niño Jesús  en el templo. Así relaciono mi vida con la de este divino infante, y claro, todo esto marcó mucho mi entrega al Señor. Mi querida comunidad me crió y me enseñó todo lo que hizo falta para mi formación lo cual me hace ahora decir “Gracias” porque así es como puedo dar testimonio  de mi vocación. Tengo que confesar que  de ninguna manera quise que mi hermana fuera monja siguiendo a la otra mayor pues se iba a pensar que eso era algo no en serio y pensé mejor rezar que ésta fuera madre de familia y la monja yo para no estar toda la familia metida en un monasterio. Rezaba; y venga rezar; pero la veía cada vez más firme en entregarse al Señor hasta que la vi salir por la tarde en el coche parroquial camino del aeropuerto para venirse. Estaba en el colegio y cuando fijé la mirada hasta verlo desaparecer, reflexioné y me dije: “aunque se vaya, yo iré detrás, digan lo que digan y piensen lo que piensen. Y al final aterricé. ”

Ya que aprendí que el Carmelo es todo de Maria, resulta que mi amor a la Virgen fue creciendo, año tras año, desde que hice mi primera comunión, pues pertenecía a la Legión de María donde hacíamos votos a Ella. Gozaba de su compañía  y  hoy me siento felicísima de ser Carmelita donde no solamente es mi Madre sino mi Madre, Patrona, Modelo, Reina y mi Hermana. ¡Qué riqueza y qué alegría tener a la Madre de Dios tan cerca y tan amorosa!

Invito a todo el que se sienta llamado a esta fuente  a que se entregue al amor incondicional de Dios, a la Virgen y a todo el mundo, a que de un paso al frente y piensen de donde venimos y a dónde vamos. Miremos al Señor que es nuestra guía segura y entreguemos nuestras vidas a aquel  que se entregó por nosotros y acabaremos con el mismo gozo que experimentó san Pablo: “vivo yo pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí.” (Gal.2, 19-20).

 

Sor Mª de Lourdes de San José Lario

Leí mucho a Santa Teresita y al hermano Rafael y de allí mi vocación como Consagrada en la Orden del Carmen.

Entré a los 20 años de edad y acabo de cumplir los setenta. Sigo siendo feliz pues la Virgen me acompaña en todo momento y como vamos buscando la santidad, la Biblia nos habla de ello y es por ello que me gustaría que otros la busquen con fe, esperanza y pedirla con insistencia. Como la mujer samaritana que vio a Jesús junto al pozo de Jacob, siento que cada día él me llama a beber del agua que salta hasta la vida eterna. Esa agua del cual que, quien la beba no volverá a tener más sed.

Jóvenes, en nuestras vidas, nuestras actividades, está el Señor esperando a que le demos de beber. Os Invito a afinar vuestros oídos para escuchar esta misma palabra de sus labios: “dame de beber”. (Jn 4) No tengáis miedo que él nos conoce como somos y si no tenemos nada, se encargará de darnos aquello que nos pide.

 

Sor Mª Felicita de la Santa Faz de Jesús

“Dios escribe derecho con renglones torcidos”. Yo no era la que iba a ser monja en mi familia pero el Señor escoge donde quiere, cuando quiere y a quien quiere. Hacía todo lo posible para no ser yo la escogida. No me quería comprometer mucho en las cosas de la parroquia para no quedar enganchada. Mi idea era estudiar, tener mi carrera y un buen futuro. En los estudios secundarios, por un cambio casual o mejor dicho, providencial, del colegio, me vine en contacto con la miseria humana. Vi cómo la droga y el culto al cuerpo llevaban a la destrucción del ser humano. En la reunión de la Legión de María a la que entré por pasar el tiempo, el Señor me hizo ver cómo siendo Él, el dueño de la vida soluciona todo y cómo su Madre, la Santísima Virgen, en la misma la vida de los desamparados. A partir de aquí cambió todo aunque seguía empeñada en no ser yo la elegida; ya empecé a comprometerme en los trabajos de caridad de la Legión de María, que eran: visitar a los enfermos, ayudarlos y ayudar a los jóvenes a salir de sus esclavitudes. Pero poco a poco me daba cuenta de que no podía llegar a todos; y, en una reunión de la misma Legión de María, hablando de Sor Lucía, la vidente de Fátima, nos explicaba cómo la oración va más allá y llega a todos hasta los que no son conocidos. Ya se rompieron todas las ataduras y el pájaro se echó a volar.

Aquí en el Carmelo encontré un sitio apto para la solidaridad hecha caridad y espacio para darse de lleno para cambiar el mundo porque el dueño es Cristo y es el que hace todo junto con su mejor abogada que es nuestra Santísima Madre.

 

Sor Ana Mª de San Simón Stock

Mi vida es un regalo de Dios. Nací de padre pagano y madre protestante. En mi casa soy la primera católica gracias a todo lo que estudié en el colegio con mi profesor de religión. No sé qué hubiera sido de mí y de mi familia. Me ayudaron tanto mis tías y así terminaron todos siendo católicos y practicantes hasta el día de hoy y cada vez que retrocedo toda esta historia veo cómo el Señor ha querido acompañar a esta familia y gracias a él somos lo que somos.

Después de mis estudios, pensaba en mi futuro y como veía monjas europeas en mi parroquia decidí ser como ellas. Pero he aquí que surgió un problema muy gordo. Vi claro que yo era morena y quizás por mi color no lo iba a conseguir. Un día nos mandó mi madre a por el agua a un río cercano. Me puse a lavarme dándome  bien fuerte a las  piernas con arena a ver si cambiaba mi color para poder ser monja. Mi madre vio que tardaba y fue a buscarnos. Nos pilló y al preguntar el motivo de todo ese trabajo nos dijo: “Al mundo os traje así y no hay nada que hacer para cambiarlo”. Me tuve que conformar con esto porque no hubo remedio. Pero sí me guardé para Él solo. Llegué el día 4 de octubre de 1984  fiesta de San Francisco de Asís. Vivo contenta tratando de ser fiel al Señor que me espera para darme la corona que me tiene reservada. A él sirvo, con él me basta.

“El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar?” [Salmo 26(27)]

Es mi mensaje para los jóvenes que sientan su llamada. Adelante y sed valientes.